lunes, 31 de agosto de 2009

Paisajistas en Die Augen


Llama mucho la atención encontrar espacios contemporáneos que muestren paisaje como una opción dentro de las artes visuales.
Recientemente, el IGA presentó una exhibición con obras del último paisajista vivo de la vieja escuela de Guatemala, Luis Álvarez. Homenaje que se sumó a una serie de actividades que la Fundación G&T Continental realizara en distintos espacios, a finales del año pasado.
La escuela del paisaje guatemalteco es muy rica y variada. En general tomó un camino independiente a partir de la Revolución de Octubre de 1944, cuando un grupo de artistas propuso, desde otras perspectivas más en boga, nuevas formas de expresión. Sin embargo, los artistas no se amilanaron ni mucho menos se plegaron a las nuevas corrientes. De este modo siguieron aportando nuevos elementos al academicismo regional y al costumbrismo local. En paralelo se fortalecía una corriente que en un inicio se conoció como primitivista y que hoy se define como la pintura popular guatemalteca.
A finales del siglo pasado, tanto las subastas como las galerías de arte que se preciaran de contemporáneas desterraron de sus espacios a los paisajistas. Salvo Luis Álvarez, Héctor Sitán o los Mazariegos (padre e hijo), era difícil encontrar trabajos que no fueran de coleccionistas particulares: Garavito, Tejeda Fonseca, Alfredo Gálvez Suárez, los más populares (y los dos primeros, los más falsificados en la historia del arte nacional). Sin embargo, 15 años después empiezan a reaparecer pinacotecas por demás interesantes: Carlos Rigalt, Salvador Saravia, Antonia Matos y Jaime Arimany, entre otros, y en enero de 2010 se expondrán en el Cantón Exposición las obras de Hilary Haratoon.
Lo interesante gira en torno a que tanta retrospectiva ha permitido puntos de comparación que antes no eran tan visibles. Dependiendo de la época, las locaciones y quien liderara la acción de ir a pintar in situ, así fueron las propuestas visuales de los autores ¿A qué me refiero? Que se hacen obvias las influencias mutuas y las particularidades también. El caso es que la muestra que se exhibe en Die Augen recoge la labor de dos autores separados por la distancia, pero entrecruzados en el ejercicio de la actividad pictórica.
El primero que cito es Jaime Arimany (1908-1995). Este artista pertenece a la primera generación de estudiantes de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y obtuvo su segunda formación en el extranjero. Por ende, su pincelada se distinguió por ser generosa en pigmento y color. Empastada, la luz es clave en sus registros. Atitlán, Amatitlán y otras visiones urbanas o no, fueron parte del inmenso legado que el artista dejó.
La colección también incluye obra de otro artista relevante, Miguel Ángel Ríos (1914-1991). Autor que además de haber fundado la galería de arte más antigua del país —Galería Ríos, 1945— es conocido por darle bríos a la técnica de la acuarela, con la cual alcanzó muchos de sus grandes méritos. Ambos autores fueron parte del grupo TRIAMA, y su producción se encuentra localizada en colecciones particulares y familiares.

lunes, 24 de agosto de 2009

12 Festival: Pendientes de un hilo

Ya son doce festivales del Centro Histórico. No hay duda; el esfuerzo de sus organizadores ha desembocado en algo muy claro y contundente: en él hay arte para todos y para rematar, de calidad incuestionable.
Entre el 13 y el 23 de agosto, el mes de la Virgen Patrona de la Ciudad, se enraizó un festival que exalta el rescate de su Centro Histórico y la capacidad mágica que éste posee para convocar y atraer a los capitalinos. Es el corazón de un centro urbano que se negó a morir y que hoy late con una fuerza cultural que no conoció en el pasado. Hoy el kilómetro cero y sus alrededores, es de los jóvenes y el punto que da vida al mismo ya no es el Palacio Nacional si no el Centro Cultural Metropolitano (Antiguo Palacio de Correos). En otras palabras, la zona uno está más viva que nunca.
Un lujoso catálogo da fe de lo señalado. Este, enriquecido por diversas firmas, es un registro que servirá de reclamo a las futuras administraciones ediles si no cumplen con su misión de protegerlo y hacerlo crecer. El programa lo abrió la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal, que a su vez se derivo de la exitosa Escuela Municipal de música (2006). Ver ésta reunión de jóvenes, de todos los estratos, compartiendo talento es inspirador. Hay un futuro para Guatemala.
La UP ha acogido a diversos grupos teatrales que han propuesto desde sus diferentes perspectivas. Algunas de las funciones han contado con la sala llena a más de un setenta y cinco de su capacidad. El sueño de las compañías hecho realidad gracias a la seguridad que se respira en el área y a la reputación de la institución anfitriona.
En lo concerniente a lo visual entre otras actividades, los maestros de la Escuela Municipal se decidieron y organizaron su muestra colectiva. Once artistas de distintas edades, que se han volcado con la energía de un titán, a formar una generación de artistas. Una burla, un juego, una crítica en tono de broma fue el acicate para adentrarse e indagar en los hábitos y las formas de relación más enraizadas en nuestra cultura. El TEG, con su misión educativa y David Pérez (de la Escuela Municipal de Arte) complementaron la visión plástica dentro del edificio que lució con distintas propuestas.
Y de la ¿Feria del libro? Bueno, pues quedó enmarcada dentro de esta multitudinaria gestión de visión más ordenada. En el parque central (ese lugar en donde se dieron la mano con ilusión nuestros abuelos y se enamoraron nuestros padres), se pueden localizar desde novedades editoriales hasta joyas perdidas en el tiempo. Con desidia espera que alguien, tal vez un nuevo Luis Luján Muñoz, las encuentre y las lleve a su biblioteca.
El espacio se hizo pequeño. Entre lo que se puede visitar, en Casa Mima, está Pendientes de un Hilo. La muestra más reciente del ceramista Rigoberto Castañeda. No se la pierda. Busque su catálogo en el Centro Cultural Metropolitano.

lunes, 17 de agosto de 2009

Mujeres de Santa Rosa


Durante años, Ingrid Roldán ha dedicado su vida a consolidar valores de la cultura guatemalteca.
Ya en sus reportajes sobre las artes en general o lo relativo al desarrollo de la sociedad guatemalteca —multiétnica, plurilingüe y pluricultural— la fotógrafa siempre ha encontrado el matiz correcto y respetuoso para abordar cada tópico.
Directa y sencilla, Ingrid Roldán atrapa, desde su esencia más pura, el espíritu digno de cada una de sus retratadas. Además del registro en sí mismo, cuenta historias relacionadas con la cotidianidad de la mujer de provincia. De este modo, sin distraerse con discursos panfletarios superfluos, la artista capta lo femenino aprovechando su entorno comunitario y, de paso, la dinámica social y cultural en la que éstas se mueven.
Sí se ha de entender a la mujer como ente formador, es quizás con esta exposición en donde mejor se puede percibir. No importando su circunstancia social, las féminas de Roldán exudan fuerza, determinación y encanto. Si bien la situación sociocultural en la que se mueven muchas de ellas dista de ser la ideal, queda claro que el proceso de deshumanización por el que pasan las latinoamericanas pareciera no vencerlas. Allí están como pilares aportando fuerza motora y condicionando desde su posición de madres, hijas o abuelas. Desde esta perspectiva son verdaderas punteras sociales que trabajan en tareas de hombres sin amilanarse. Fuertes, marcadas por el agobiante trabajo, el mapa de su piel solamente viene a dar otro misterio más a su miradas.
A lo antropológico se suma lo artístico. A la par, la capacidad periodística de Roldán. Adición de valores que provocan por la sencillez de su composición y el balance tonal de negros, grises y blancos. Esta sinceridad de la imagen no solo abre su lectura sin mayores trámites. Provoca por lo vertical, lo frontal del retrato en sí. Es, en otras palabras, un perfil estético lleno de pequeñas sorpresas que no dependen de lo técnico sino del intuitivo encanto que le impregna la autora. Si por un lado las imágenes fluyen, también hay aspectos formales por destacar. En este caso, el encuadre, manejo de la luz y los elementos que caben en esas ventanas mágicas de su trabajo.
Las fotografías de Ingrid Roldán reflejan madurez. La visión que esta profesional posee de su propio entorno. La conciencia plena de pertenecer a una sociedad diversa y llena de aristas. El haberse desarrollado en un campo dominado por varones y conquistar su espacio sin necesidad de codazos, le otorgan una filosofía de la vida que le permite apreciar su entorno como protagonista y no solo como observadora. En este sentido, en sus impresiones, hay un respeto especial que fortalece las imágenes, proponiéndolas como algo natural y no desde esa tendencia actual de exponer la vida de seres humanos desde una vitrina como objetos raros. Esa esencia humana es lo que trasluce en esta propuesta.

lunes, 10 de agosto de 2009

José Alfredo Chang

Se fue un miembro querido de nuestra comunidad teatral. Su muerte, envidiable. Falleció en santa paz de Dios mientras dormía y probablemente, ni se dio cuenta.
En esto fue todo lo contrario a su senda creativa siempre tan llena de vida. José Alfredo era inquieto y activo ya que incursionó en varios géneros y supo sobresalir con talento en distintos campos de la creación individual y colectiva.
Su carrera se inició en 1983 con el musical Hello Dolly. Allí, bajo la dirección Alma Monsanto, nos conocimos y desarrollamos una amistad que se iría entrecruzando personal y profesionalmente a lo largo de nuestras actividad artística. Chang participó en más de cincuenta producciones y su necesidad de expresión le llevó a transitar en los campos de la coreografía, dramaturgia, diseño de vestuario y la exploración de medios experimentales en el escenario.
Entre sus libretos más conocidos destacan Sobre Cascaritas y Cascarones, Sucedió en la Posada de la Estrella, De A a B… Percepciones sobra la vida y Un alto en el Portal de las Cien Puertas, trabajo que escribimos juntos a petición de Consuelo Miranda y que tenía como objetivo un homenaje a Miguel Ángel Asturias y César Brañas… Hay una anécdota y una coincidencia. Esta producción se presentó en el Paraninfo Universitario y una de las obras de Brañas requería campanadas. Alguien de la vieja guardia nos dijo que no se nos ocurriera llevar una campana al escenario y menos con un trabajo que trataba sobre muertos y aparecidos. Por supuesto quién le iba a decir que no a doña Consuelo. Más de alguno de los actores (el chino y yo entre ellos) vimos al hombre que miraba la obra desde el balcón derecho del desaparecido escenario del Paraninfo Universitario. Ahora que volvimos a poner algo de Brañas en escena, es increíble pensar que el estreno de Amor, odios y otras traiciones fue para hacerle un homenaje póstumo a nuestro amigo.
En sus coreografías también están, entre otras no documentadas, las que creó para el montaje de Yerma de Federico García Lorca. Sus logros fueron muchos y entre ellos se lista el premio Opus que alcanzó con el diseño del vestuario de José El Soñador. Trabajo, punto a parte, que se salía del común denominador de lo que se hacía en aquel momento y que brillaba con luz propia por el colorido psicodélico que insufló al montaje. También obtendría la Medalla Millenium por su desempeño escénico.
Malvados, tiernos, mordaces, incisivos, cálidos o cómicos. El abanico de personajes por los que transitó no sólo nos recuerda a un versátil actor ya desaparecido. Nos traen a la memoria al compañero cuya ausencia estamos llorando hoy. En fin, al elemento que siempre crítico sumaba valores a lo que hacíamos.
Tres espacios lo extrañaran especialmente. Artestudio Kodaly, La Escuela Superior de Artes de la Universidad de San Carlos (en donde daba clases y a cuya primera generación pertenecía) y el elenco del Juan Tenorio en donde desempeñaba el papel del Escultor. Descansa en paz, querido amigo.

lunes, 3 de agosto de 2009

Estrenamos mañana


Desde que comencé a hacer teatro, en 1982, mi vida ha sido una mezcla de aprendizajes constantes. Esta senda artística está plena de buenos directores y compañeros talentosos.
No puedo más que anotar que he tenido muchísima suerte. Los libretos han sido diversos y con temáticas variadas, con resultados que siempre aterrizaron en lo humano y todos sus matices, tanto cómicos, como dramáticos.
Desde que llevé a escena La importancia de llamarse Ernesto, Eva Perón y más adelante Textos de adolescentes para adultos, todas con el apoyo y experiencia de Wanda Gabriela Ramírez (compañera escénica y amiga de toda una vida), hubo un resurgimiento de motivaciones y necesidades que estábamos manejando ya una década atrás, con la supervisión de maestros como Luiz Tuchán o la desaparecida Consuelo Miranda.
Fue con Textos que se conformó Aquelarre Teatro Contemporáneo, y con él un equipo que se ha ido enriqueciendo en recursos con rapidez inusitada. Hoy, los integrantes activos del colectivo: Raymundo Rosales, Roberto Arana, Daniela Castillo, Julio De León y un servidor, no salimos de un trabajo y ya empezamos otro. Pero, más importante aún, somos fortalecidos con el apoyo de otros artistas consolidados como Gretchen Barnéond, William García-Silva, Vallardo Díaz, Silvia Carolina Obregón, Carlos Estrada o Francisco Trujillo, entre otros, que creen en nosotros y en lo que producimos.
1649 me acercó a un viejo amigo y compañero de las tablas: William García-Silva. Obviamente el intercambio de inquietudes se convirtió en flujo de ideas durante el desarrollo de Esto no es una pipa. La seguridad de William respecto de que estábamos haciendo arte y su manifiesto interés en que uniéramos fuerzas nos llevó a soñar con un proyecto más ambicioso que los que habíamos hecho hasta el momento. Quien nos despertó del sueño y nos puso a trabajar en serio fue su esposa Silvia Carolina Obregón… de no ser por ella no habría libretos, vestuarios, horarios de ensayo y un cierto orden que entre artistas siempre se traduce a caos.
No me extraña que a nuestra productora, Lorna Stewart, se le parara el pelo por la velocidad con la que tomó forma el proyecto y la inminencia del evento. Ni yo lo puedo creer, estrenamos mañana. Claro, hay que anotar que si existe una obra que cuente con alianzas estratégicas es ésta. Muchos amigos, empezando por mi socio Luis Escobar, y hasta mi papá, nos echaron una buena mano organizativa… el programa de mano es prolijo en donantes: fundaciones como la Monteforte Toledo o G&T Continental, Casa Santo Domingo, el IGA, La Universidad del Valle y el Ministerio de Cultura. Galerías como Carlos Woods, Arthis, las Damas del Club Rotario Guatemala Sur o Casa y Estilo. Colectivos como Hecho en Guatemala o La Torana y nuestros amigos de toda la vida: La Altuna o los editores sobre la obra de María Elena de Lamport, son solo algunos de los nombres que fortalecen nuestro trabajo artístico, y que permitieron el proyecto más ambicioso que he llevado a escena. Un verdadero hormiguero en función de cumplir un objetivo. Llevar al escenario una obra de artistas consolidados como Shakespeare, Plauto, Pardo Bazán, Wilde, Moliere, Laparra. Vega, Schiller, García Lorca, Zorrilla y Édgar Allan Poe.