lunes, 7 de enero de 2008

Mon-Crayón

En Casa Santo Domingo se están exhibiendo una serie de caricaturas de José Cayetano Morales realizadas a partir de 1907. La muestra surgió luego de una larga gestión encabezada por su nieta, María Eugenia Gordillo. La directora de la Hemeroteca Nacional, como custodia de la colección, esperó durante años que se dieran las condiciones propicias para la exposición.

Desvelo que no incluyó solo la conservación de los trabajos, su presentación y el espacio adecuado para visualizarlos, si no que la búsqueda de las personas idóneas que la acompañaran en el proceso. Fue precisamente Jorge Castañeda (junto a su equipo Ana Claudia Soasnavar y Alejandro Noriega) y Ricardo Mata, quienes entendieron la dignidad y reverencia que se debe tener con obra que fue atesorada entre las tapas de un álbum familiar por más de dos décadas.

Desenterrar un muerto. Más que eso diría que se trata de desempolvar una trascendencia que permaneció latente en el olvido. Olvido al que, por acción usual, se somete al artista guatemalteco y su producción casi como actitud de oficio. Desde esta perspectiva hay que tener muy presente que las caricaturas de este autor gozaron en vida de tanta popularidad que no es comprensible que a los que hacen el ejercicio de historiar las artes visuales, salvo excepciones, se les haya pasado por alto como personaje y antecedente creativo.

Periodista y artista visual. Sus contribuciones surgieron en un momento muy difícil para el oficio. Si se trataba de actividades culturales la condición para la tertulia incluía el mensaje presidencial de no hacer política… Manuel Estrada Cabrera no se andaba con juegos. Aún así supo decir lo que quería y de la manera más obvia, a través de la gráfica y su poesía.

La pinacoteca que se exhibe en Casa Santo Domingo presenta retratos que, ya enmarcados y colocados como corresponde a una obra de su rango, nos traen el registro de una época muy especial. Si a los títulos que ya se le dieron a Mon-Crayón le suma su afición a la música, que según los medios de comunicación de su tiempo le acercaban al virtuosismo, vemos lógico que entre los dibujos dejados por él aparezcan figuras de la ópera y empresarios teatrales. Su piano, dicen los periódicos, fue parte de las veladas del desaparecido Teatro Colón.

La muestra celebra cien años de acción profesional. Es probable, sin embargo, que existan trabajos anteriores. Hacia 1907, el autor tenía treinta y tres años y para llegar al punto de síntesis en el que se encontraba es obvio que ya había pasado por el retrato y el paisaje (algo que también se insinúa en los documentos contemporáneos a él). En todo caso vale la pena hacer el viaje a la Antigua Guatemala y visitar la exposición. En ella puede ser que el público descubra algún familiar o recuerde a determinado personaje urbano y ayude en la reconfiguración de un lapso olvidado de la historia del arte de Guatemala. (Continúa).

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