lunes, 27 de julio de 2009

Álvarez y Grajeda


Por la inmediatez y la naturaleza efímera de las exposiciones de Luis Álvarez y Guillermo Grajeda Mena (entre otras actividades), estoy dejando para más adelante la segunda parte del artículo sobre Joaquín García y su sala de espectáculos: Solo Teatro.
Luis Álvarez nació el 3 de junio de 1917. Sus estudios formales los empieza en la Escuela de Bellas Artes (hoy Escuela Nacional de artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla) en la década de 1930, bajo la tutela de importantes artistas como Enrique Acuña Orantes, Humberto Garavito y Ovidio Rodas Corzo, entre otros representantes del paisajismo. Corriente a la que se sumaría primero como estudiante y luego como uno de sus más sólidos representantes. Es así como el nombre de Luis Álvarez queda inscrito en la historia y de paso, con el correr del tiempo, como el último representante de los “maestros de la luz” al sobrevivirlos a todos. Para anotarlo más claramente, su nombre cierra un listado que abre Acuña y Agustín Iriarte (ambos nacidos en 1876) y que integran autores como Rafael Pérez De León, Antonia Matos, Alfredo Gálvez, Carmen de Pettersen, Carlos Rigalt, Antonio Tejeda Fonseca, Jaime Arimany o Miguel Ángel Ríos, para citar algunos nombres.
La vida creativa de Álvarez, además de longeva es meritoria. Ya en el rescate del patrimonio de la nación –restauró, entre otros bienes inmuebles, los retablos, imágenes y pinturas de La Merced en Antigua y San Juan El Obispo—, o desde su perspectiva como pintor, donde aporta singulares empastes que le sirvieron para diferenciar las sombras de las luces con un toque personalista y muy especial. Hoy, a sus 92 años, sigue pintando y pueden percibirse variaciones por demás significativas. Don Luis Álvarez es autor de la escena Corte de Café que aparece en el los billetes de 50 quetzales. Su trabajo se exhibe en importantes pinacotecas, como las de los Bancos de Guatemala e Industrial, así como otros museos particulares.
En la Antigua Guatemala, en Casa Santo Domingo, se presentan por primera vez desde que murió Guillermo Grajeda Mena en 1995, una colección de 57 dibujos (incluyendo un autorretrato) pertenecientes a los fondos de la colección MONESCO.
La selección está integrada por piezas de dimensiones pequeñas realizadas sobre papel e incluye trabajos creados en tintas, a partir de los años 1950 hasta poco antes de su muerte. De tal suerte que pueden apreciarse desde dibujos conmemorativos hasta bocetos que prefiguran algunos de sus murales en la Academia de Geografía e Historia y el Museo de la Democracia, Escuintla, hoy en muy mal estado de conservación.
Grajeda es uno de los representantes más vigorosos de la Revolución de 1944, junto a otros artistas vitales de la plástica del siglo XX guatemalteco, como Dagoberto Vásquez Castañeda, Juan Antonio Franco y Roberto González Goyri. Coincidentemente compartió aulas y maestros con Luis Álvarez. La participación de Guillermo Grajeda Mena fue fundamental en el proceso de creación y la fundición de los murales del Centro Cívico. Esta muestra, incomprensiblemente, ha pasado totalmente desapercibida.

lunes, 20 de julio de 2009

Joam Solo


En varias entrevistas me han preguntado por qué me decidí a hacer teatro serio en un medio que suele ser hostil a las representaciones escénicas de esa naturaleza. Mi respuesta está dividida por varios eventos.
Uno de ellos me lleva a los inicios de la década de 1980, cuando, siendo yo un estudiante de psicología, vi a un entusiasta joven haciendo actividades teatrales en la Universidad Rafael Landívar. Aquel muchacho de abundantes cabellos, tan escasos hoy como los míos, era Joaquín Estuardo García (Joam Solo). Su primer ámbito de acción, 1980 a 1982, lo realizó con el grupo de teatro de la Facultad de Arquitectura, llamado La Mancha.
En 1982 ambos audicionamos para obtener un papel en la obra Romeo y Julieta, que iba a dirigir Ricardo Mendizábal (Q.E.P.D.) en el Gadem. Pasamos la prueba pero yo no pude salir en la obra, así es que tampoco lo conocí personalmente en ese momento.
La casualidad quiso que en 1982 los dos hiciéramos el mismo papel en dos montajes de naturaleza muy diferente en el IGA, uno detrás de otro. Él, en La Casamentera, y yo, al fin, como debutante en el musical Hello Dolly: este rol fue el de Bernabé Tuker. Hasta ese momento realicé el sueño de parecerme a él. Todavía no éramos amigos, pero en mi visión, Joaquín ya era un señor actor. Cosa fácil de comprobar por los registros que existen de su labor.
No fue raro que con su capacidad creativa y formación como arquitecto, también se especializara en escenografías. La primera de ellas fue para Maribel y la Extraña Familia (1984), con el que además obtendría una de sus nominaciones a los codiciados premios Opus, entregados por el desaparecido Patronato de Bellas Artes. Según la información que tengo, a partir de aquellas fechas hizo casi todas las escenografías de los montajes en los que participó.
Como actor ha estado bajo la tutela de innumerables directores: entre ellos destacan los nombres de Guillermo Ramírez Valenzuela, Dick Smith, Ricardo Mendizábal, Judith Armas y Miguel Cuevas (coreógrafos); Luiz Tuchán, Ricardo Martínez, Javier Pacheco, Jean-Yves Peñafiel, solo para mencionar algunos.
También ha encontrado dimensión como director. La Sirena Varada llegó tempranamente en 1988, y un año después su primer montaje para niños. A partir de aquel momento la suma de proyectos creció tanto que llegó por fin la necesidad de tomar sus propios espacios creativos. En otras palabras, adueñarse positivamente de escenarios que supo hacer suyos con propuestas magnificadas desde su visión.
Hay que destacar también el tamaño de Escenográfica, entidad donde ha realizado fantásticos decorados de magnitud inconmensurable y naturaleza diversa. Todo ello desembocó en una nueva etapa. Desde el 2005 tuvo el coraje de hacerse cargo de una sala y fundar Solo Teatro (en la zona 13).
Esto último es un mérito aparte, ya que pudiendo tomar el camino más fácil, optó por trabajos fundamentados en la búsqueda y encuentro de valores artísticos en los que arriesga todo el tiempo su inversión.

lunes, 13 de julio de 2009

Sagrada Familia


Dentro de un marco de diversidad y respeto universal, el Centro Cultural de España organizó en junio varias actividades que tienen que ver con el tema homosexual.
Argumento delicado porque, además de polémico, suele despertar suspicacias en un contexto en donde “está más de moda el imperativo pastoral que el condicional humano”. La intención del tinglado giró en torno a la “libertad en cuanto a la opción sexual de los individuos y sus propios derechos sexuales”. Frontera que muchos pretenden ignorar con argumentos muy manidos.
El listado incluyó un amplio repertorio que abarcó talleres, cine, exposiciones y otra serie de eventos que atrajeron colectivos muy variados tanto de lesbianas como de gays. Escenarios que pusieron en un primer plano la problemática del homosexualismo en un ambiente en el que se ejerce la discriminación desde cualquier perspectiva que se pueda apreciar. Ya sea por origen cultural, pensamiento ideológico, religioso o la preferencia sexual, sólo para citar algunos campos pantanosos de discusión.
Dos actividades relacionadas con el campo de las artes visuales destacaron y pueden ser aún visitadas hasta el 17 de julio. Una de ellas está localizada en el Centro de Formación (antiguo edificio de la Compañía de Jesús, en Antigua Guatemala). Se trata de Historias de Amor. Según la documentación, la acompaña refleja cómo los artistas han comprendido “un acontecimiento de la reciente historia de los derechos civiles en España: la legalización del matrimonio entre personas de un mismo sexo”.
La muestra es heterogénea e incluye pintura, dibujos, ilustraciones, técnicas mixtas, cómic, fotografía y diseño gráfico. Esto, para reflejar un marco cultural hacia la concienciación y el debate. En esta exhibición anota el curador Pablo Peinado, el arte actúa como cómplice para hacer llegar un mensaje de libertad y normalidad.
Sagrada Familia está en el Centro Cultural de España (Cuatro Grados Norte). Las características de la muestra sacuden la conciencia desde el nombre. La pareja de artistas propone una visión consolidada de las relaciones entre dos varones (Leo, Dani y su perro Piolín) a partir del respeto y la importancia de la estabilidad dentro del hogar. Los autores, Chichiao y Giannone, se adueñan de técnicas tradicionales como lo son los textiles. Paralelismo que no sé si es intencional pero que amarra la homosexualidad con acciones humanas ancestrales.
Bagaje, el guatemalteco, que se aunó a la versión chapina de la muestra, ya que algunas comunidades de tejedores aportaron cuatro “lienzos” de dimensiones y bellezas considerables. Si se deja de lado lo estético, que en esta colección pesa debido a la calidad de los bordados que van contando la historia propuesta, el mensaje lo que denota es una riqueza de vida en la que la plenitud y la seguridad prevalecen sobre los tabúes y otras convenciones. No está demás señalar que algunas de las telas fueron bordadas por un colectivo indígena gay que opera en Atitlán.
En ambos casos —Historias de Amor y Sagrada Familia— habrá varias actividades paralelas cercanas a su cierre. Si tiene interés en asistir o consultar respecto al tema, puede llamar al 2385-9066 / 67 y 70.

lunes, 6 de julio de 2009

Juannio (final)


Su constante necesidad de formación llevó a Fátima Anzueto a Perú, y más adelante, a Rusia. En Guatemala, más allá de la ENAP, buscó en la universidad nuevos horizontes a los cuales aferrarse…
Su propuesta está emparentada con los movimientos Op art: a partir de una toma general fotográfica, Anzueto recorta un fragmento seleccionado y recompone la imagen buscando una concordia visual, en la que el patrón se repite creando una nueva visión. Ésta, armónicamente compuesta, crea una ilusión óptica vibrante e independiente —similar a las imágenes multiplicadas de los caleidoscopios— que condiciona su lectura y que invita a adentrarse en ella inevitablemente, debido al flujo que producen las retículas que unen cada segmento. Al basarse en un principio que ya conoce bien y luego de una investigación, encontró una analogía para el desarrollo de su trabajo.
Se trata de los óculos que se practicaban en los muros de las fortalezas para espiar hacia la calle. Invirtiendo el principio, es el público el que se ve impulsado a espiar por los puntos de fuga que convergen siempre hacia el centro.
Alejandro Anzueto acaba de tener una notoria exposición fotográfica en Casa Santo Domingo. En este caso se inclinó por la intervención de un objeto —crucifijo—, el cual decoró con vibrantes colores fluorescentes. Y si se ha de pensar en la alusión del Pop Art, también hay que listar en esos contenidos a Christian Cojulún, José Colaj, Abel López, Carlos Pérez, Éver Rodas, Carlos Fitzgerald y Marco Tulio Roquel, quienes, como Anzueto, se apropian de una imagen y la intervienen para obtener los resultados diversos de acuerdo con la realidad de cada autor.
Me agradó encontrarme, entre los seleccionados, a dos de las artistas de hecho en Guatemala, Patricia de Valladares y Pina Pinetta. Ambas autoras, como todo el colectivo al que pertenecen, salieron hace buen tiempo de su punto de comodidad, para empezar a aportar elementos al medio pictórico guatemalteco. Ello, a pesar de la oposición misógina del ámbito. Además de ser líderes positivas dentro del campo de la gestión cultural, ambas pintoras son poseedoras de iconografías y paletas particulares. Como grabadoras también han encontrado eco y material para proponer.
El rubro de artistas invitados se sustenta por obra que pasa por otro tipo de curaduría fuera de concurso. En este caso es el plato fuerte, en cuanto a que la selección se nutre con trabajos de artistas consagrados por la historia y el mercado extranjero. La colección, se nota, fue realizada con una clara conciencia y entendimiento.
Entre la obra de fallecidos hay que destacar el proyecto para el Banco de Guatemala, de Carlos Mérida; Arriba, de Dagoberto Vásquez, y sin título, de Robert Von Zimmerman.
Zimmerman, al igual que los mencionados, fue una de las figuras sobresalientes de Juannio durante la década de 1960. Murió trágicamente hacia 1978, luego de haber producido basándose en referentes locales y extranjeros. Cuarenta y cinco años de una entidad pro guatemaltecos y su dimensión en la sociedad. En apenas cinco años será inscrita como Patrimonio Nacional, y hasta las autoridades tendrán la obligación de protegerla.